Añoro el otoño que transmuta los sentidos.
Ver las hojas del árbol caer en tono verde oscuro, castañas, ocres, ámbar, amarilleadas por el pálido sol del mediodía... oler la tierra mojada.
El eco de la lluvia repiquetear en mi ventana,
en el asfalto...las aceras mojadas.
El frió viento alborotar mi cabello negro, rozando mi faz ayer de terciopelo.
El paso acelerado de los viandantes camino del trabajo.
El silencio cuando anochece a media tarde.
Añoro el aroma del otoño melancólico,
la suave bruma, la niebla que rodea en tobillera mis pies en madrugada...
Lo añoro por que no puedo seguir inmersa en este calor sofocante que axfisia mi esencia, arrebatandome la vida por instantes.
" Sin la música la vida sería un error " Nietzsche
Aromas otoñales
La verdad oculta a los ojos de los demás
Aterrada por las sombras y las dudas,
con el temor a ser flecha sin destino.
Con demonios oprimidos por salir
escupiendo las verdades al mundo.
En cada paso dado
en cada lucha ganada
en cada esquina apoyada observando,
en una cama deshecha arropando los sueños.
Siempre esperando,
que aquellos que me amaron
volviesen a mi lado, sin darles nada a cambio.
Supremo egoismo que me ha llevado a la soledad del cadalso.
Soberbia, inquina
atroces pesadillas,
todo lo he rozado
de puntillas.
Hoy confieso que he vivido
con el puño alzado.
Pero jamás
me han doblegado.
Viví como quise
dí sin pensar a quien dí...
Agradecí lo dado
maldije lo arrebatado.
Anquilosada moral
reprimida de mi infancia.
Madura adolescencia,
frágil mujer de cristal
de estoica indiferencia.
La dama del Tenebro
Le clamo a la insólita luna plateada,
que no me deje a solas esta noche.
No quiero dar palos de ciego eternamente perdida entre la gente.
Temo que caiga mi ánima helada derrotada,
cuando mi mente inquieta está silente.
Es la calma nocturna que trae el sosiego
a esta ácida vida que llevo encadenada a decadentes sentimientos.
Le pido a la luna que acompañe a la Dama del Tenebro,
para sacar fuerzas de flaqueza en esta noche oscura,
en la que los estáticos buhos intimidan...
El suicidio del pensamiento
En mi insistencia por saber el por que de las cosas, dejé que los designios me persiguieran.
Asombraban me las dudas, sembré vientos, y tempestades recogí a manos llenas.
En las horas bajas, como baja la marea,
sepultando los recuerdos en la fría arena.
La gótica palabra
Cayó la gótica palabra en la noche despeñandose
en caída libre por el precipicio hacia la atroz amnesia,
evitando rocosos recuerdos de melancólica tristeza.
Fui sorteando los obstáculos de los éticos principios
saltándome las normas ancestrales de la vida.
No podemos fingir ser de día, lo que solo anhelamos en la noche impía.
Dar bandazos en direcciones opuestas nos lleva a una confusión mezquina,
es mejor dejarse llevar por las acciones prodigas del día.
Retomando la pureza del neonato para sobrevivir en este mundo opaco,
arrojando cientos de piedras y librarnos de nuestros múltiples pecados.
Homenaje de despedida a mi querida amiga Ursula.



















