(Eurice)
Es la voz una caricia que a mi puerta llama.
Los ojos esa llama que me ciega con el calor que desprende los rescoldos en el recuerdo.
Las delicadas manos, como pluma arrancada de las alas de una ave, largas, suaves, de dedos frágiles.
Los pasos tristes, arrastrándose como las teclas de un piano afinado.
El sonido de un viejo saxofón que escuchamos en el barrio francés de New Orleans,donde solo se respiraba jazz, blues en el Mardi Gras.
Transforma el aire en ese aroma típico del sur, donde todo está impregnado de magnolias que huelen al recuerdo que mi memoria guarda de ti.
Mientras esta el pensamiento presente, corro a encerrarme en la azotea de mi inquieta ánima,enfrascanda en la lectura de mi estimado Tennesse Williams para olvidar que aunque te tuve, no te retuve...te dejé marchar por no vivir anclada en el pasado.

















