Tu cabeza descansaba en mi pecho cuando la vela que alumbraba mis días se apagaba, a la par que mis ojos se cerraban. Mi último latido tu escuchaste, el último roce en tu cabello, mi último pensamiento voló raudo hacia ti. Mientras todo se perdía en el laberinto de mi fragil memoria, aferrándose a la persistencia del recuerdo. Solo la sonrisa conservó mi rostro mientras mi inánime cuerpo paralizado sin vida, dio rienda suelta a mi anima, para volar libre al encuentro
de los que me amaron un día.

Me he despertado esta mañana 11 de Agosto, con una sorpresa, una amiga, Marilú ,me ha otorgado un premio precioso.
Si nos mirásemos más a los ojos y los apretones de manos fuesen más sinceros, quizá instaurásemos la autentica paz entre los hombres, así no solo las palomas serian el simbolo de ella, sino nosotros mismos.
Este premio lo comparto con todos los que entráis al desván y especialmente con:














