EL OSCURO Y POLVORIENTO DESVÁN DE MI MEMORIA.
La vida secreta de las palabras, donde despiertan las letras dormidas, imagenes robadas, sueños lejanos...un verso, una rima, un poema inacabado, la poesía del desconcierto en movimiento, la prosa adaptada al sentimiento de necesitar expresar lo que siento en cada momento .
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" Sin la música la vida sería un error " Nietzsche

viernes 23 de Mayo
El último viaje del juez Feng
Título V.O.: Mabei shang de fating
Año de producción: 2006
Distribuidora: Karma Films
Género: Drama
Clasificación: Todos los públicos
Estreno: 23 de mayo de 2008
Director: Jie Liu
Guión: Wang Lifu
Fotografía: Harrison Zhang
Intérpretes: Baotian Li (juez Feng), Yulai Lu (Ah-Luo), Yang Yaning (Tía Yang)
En la China actual, son muchos los tribunales ambulantes que recorren las poblaciones rurales para impartir justicia. El veterano juez Feng se encuentra inmerso en una de sus giras, esta vez por los sinuosos caminos de la provincia de Yunnan. Le acompañan su leal secretaria, un joven magistrado que se estrena en estas lides y un caballo con la insignia nacional que trasporta los expedientes y pertenencias. Al llegar, se darán cuenta que las tradiciones ancestrales chocan con las leyes estatales.
"El último viaje del juez Feng" es un melodrama que pretende criticar el sistema judicial chino, acusándolo de obviar los problemas de las miles de etnias que conviven en el país.
Su director, el debutante Jie Liu, conoció la historia durante un viaje al sudoeste de China y decidió documentarse para hacer una película sincera sobre la realidad que se encuentran los llamados "tribunales ambulantes" en su intento por impartir justicia. El resultado es una historia sorprendente, con algún toque humorístico y simbólico, que superó la censura previa de su país y se alzó con el Premio Horizontes a la Mejor Película Revelación en el Festival de Venecia 2006.
Gran parte del elenco, está compuesto por actores no profesionales que dan vida a campesinos y representantes de diferentes etnias regidas por leyes ancestrales. Los encargados de hacer cumplir las leyes del Estado son el veterano actor Li Baotian, protagonista de "La joya de Shanghai", y el jovencísimo Lu Yulai (Kong que).
Liu Jie se decidió por la profesión de cineasta a raíz del visionado de "Tierra amarilla" de Chen Kaige, que es una suerte de oficiosa declaración de intenciones que condensaba los postulados esenciales del la revolución que la Quinta Generación estaba empezando a gestar justo en ese momento. La modernidad cinematográfica china tiempo ha que enterró en el baúl del olvido las líneas maestras conceptuales (las formales aún colean por más que algunos directores olvidadizos renieguen tozudamente de tan ilustre pasado) de aquel movimiento, por eso la intrusión en la maraña heterogénea de nuevas luminarias del cine chino de un tipo como Liu Jie, tan abiertamente nostálgico y en deuda con los esquemas identitarios de aquella edad dorada del cine local, viene a ser algo así como una audacia.
En un tiempo en el que los grandes cineastas chinos, Jia Zhngke, Wang Bing..., se esmeran en la disección del presente, de la herida social que acarrea la estajanovista modernización industrializada del país y, por consiguiente, acotan el foco de la reflexión a los estragos de las políticas de desmantelaje exprés del pasado que atañen al proletariado, al mundo urbano, o al paisaje desestructurado, que alguien se atreva a hincar el diente a los problemas del mundo rural tiene miga. El campo, verdadero motor y signo de especificidad de la Revolución China, cotiza a la baja en tanto que objeto susceptible de explotación dramática, pero más allá de las deudas cristalinas, directas o colaterales, con Chen, con Zhang Yimou o Tian Zhuangzhuang, Liu Jie no habla del espacio exterior, habla de la China contemporánea, la de las minorías étnicas y las aldeas remotas, las de esa China aislada del curso del progreso que no encuentra obstáculos para la vertebración social a través de la cultura budista ola subsistencia a través de modelos de economía natural.
Desde una perspectiva naturalista, desde el rigor de la mirada desnuda, semidocumental y privada de artificios, Liu inmortaliza la China desconocida escenificando el ocaso de la vieja China, aquella del todo por y para el pueblo, cuyos supervivientes sobreviven como reliquias obsoletas que el sistema olvidó restaurar. Liu denuncia la exclusión de esa otra parte del país que ya no cuenta para el Partido Comunista, demasiado ocupado en la transformación, con visos de ecocidio, del horizonte socioeconómico a velocidad terminal. "El último viaje del juez Feng" es una hermosa miniatura (además de la crónica sutil de un romance elíptico otoñal e imposible), que supura humanidad por todos sus poros, a colación de esa China en la que por no pasar ni pasó el progreso.


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